domingo, 26 de marzo de 2017

Segunda evaluación. ¿Qué hacer si las cosas van mal?

Sigue marzo su marcha; pasó la Virgen de la Encarnación. "Tras la virgen de marzo los trigos crecen un palmo".

La evaluación no es ni puede ser un apéndice de la enseñanza. Es parte de la enseñanza y del aprendizaje” .


 "Muchos alumnos se desmotivan al llegar a la adolescencia. Pierden el interés en los estudios, no quieren seguir y se aburren. Entonces empiezan los problemas".

Llegados a la segunda evaluación, de nuevo  seis/cinco/cuatro/tres o dos suspensos es lo habitual en una gran parte de nuestros jóvenes en la  ESO tras una primera evaluación  que fue similar. ¿Qué está sucediendo? ¿ por qué , si en la etapa de primaria esto no era habitual, ahora, en la ESO, es la tónica en un grupo numeroso de alumnos?.
Son vagos, no están motivados, no hacen nada, no se esfuerzan, no suelen traer las tareas, no se organizan, olvidan lo que tienen que presentar, son absentistas, no estudian lo suficiente .. y un largo etcétera de cuestiones  manejamos los adultos para justificar tal realidad.  Esto lo sabemos nosotros, pero  ¿qué circula por la mente de los alumnos  que les incapacita para afrontar algo  para lo que debieran estar preparados?.
Desde orientación  se habla con ellos, y en la mayoría de las ocasiones se expresan aceptando sin resistencia una realidad que incomprensiblemente no debiera ser así – pero que tristemente lo es.  Aprenden y se resignan a vivir en el fracaso (indefensión aprendida).

Qué hacemos como padres ante esta realidad.
 1.- Habla con ell@s. No se ponga nervioso, no monte en cólera “Los gritos y la excesiva aspereza no solucionan nada”. Hable de manera tranquila y sosegada con ellos.  Si hay suspensos seguro que hay problemas; no hemos de mirar para otro lado. Debemos tener, en general, una actitud, además de firme, comprensiva y estimulante. ¿Qué ha pasado?  Y ¿por qué ha pasado? Son cuestiones que hemos de tratar de analiza junto a nuestros hijos.

2.- Exija un mea culpa. Las calificaciones deficientes conllevan responsabilidades; hay que intentar que los hijos se responsabilicen de los suspensos. Para que un  niño pueda cambiar y tomar medidas necesita reconocer que hay algo en lo que ha fallado.  No sirven excusas fáciles  para salir del paso, cuando son varios los suspensos, que fue mala suerte o que le tienen manía no es admisible como causas de los malos resultados.

3.- Tome medidas. Tras el reconocimiento de los errores que provocaron la situación, viene poner soluciones; según fuera la causa se adoptará la solución.

  • Si el problema está en una materia concreta, “no entiendo la materia” “no comprendo los pasos y procedimientos” “me resulta imposible aprobar por mucho que me esfuerzo”.
  • SOLUCIÓN. Si falta base académica: se necesita ayuda individual específica, en este caso un profesor particular es la respuesta.


  • Si la causa de los suspensos estuvo en la falta de tiempo y acumulación de tareas:
  • SOLUCIÓN.-Organizar y planificar el tiempo de estudio y tareas; será necesario  hacer un horario  de estudio y tratar de cumplirlo diariamente sin excusas.


  • Si el problema  de los malos resultados estuvo en que no me centro e itinero por la casa  -  voy de un lugar a otro  con los materiales - me cuesta buscar un lugar para estudiar tranquilo.
  • SOLUCIÓN.- Busca en tu casa en un lugar fijo, cómodo y tranquilo, sin ruidos, donde puedas hacer las tareas y repasar sin que nadie te moleste ni te interrumpa. Valora, si no dispones de un lugar con estas características, cualquier sala de estudios de una biblioteca pública.


  • Si el problema  de los malos resultados estuvo en las reiteradas distracciones en el aula,” me distraen los compañeros”, “hablo mucho en clase”, “me llaman la atención por no parar quieto”.
  • SOLUCIÓN- Procura estar atento en clase a las explicaciones, sin molestar a profesores y compañeros. Si hay compañeros que te distraen – habla con tu profesor – solicita te cambie de lugar en la clase.


  • Si el problema estuvo en que olvidó trabajos, fechas de entrega, días de examen…
  • SOLUCIÓN. Anotar en tu agenda diariamente todas las tareas y repasos que indiquen los profesores/as.


  • Si  me atoro y no sé por dónde comenzar.
  • SOLUCIÓN.  HAZ UN PLAN DE ESTUDIOS Y TRABAJA TODOS LOS DÍAS
  • *   Dedica cada tarde entre 2-2,30 horas (al menos) a las tareas y repasos. Incluye en tu plan de trabajo diario:
  • *      Las TAREAS “INMEDIATAS”: las que tienes que hacer para mañana o pasado.
  • *      Las TAREAS a “MEDIO PLAZO”: trabajos y tareas que tienes que hacer para dentro de unos días o unas semanas. Aprovecha esos días en los que no tienes tareas más urgentes para dar un empujón a estas “tareas a medio plazo”.
  • *      REPASOS: trata de repasar cada tarde al menos un par de materias para llevarlas así todas al día.
  • *      ESTUDIO-PREPARACIÓN de EXÁMENES: si te queda algo de tiempo, dedícate a estudiar y a preparar los exámenes que tendrás más adelante.




  • Si el problema está en que sólo pienso en salir,  tengo muchas actividades por las tardes.
  • SOLUCIÓN.  Racionalizar. Pedimos que cumpla con sus responsabilidades más que prohibirle que salga o que tenga tiempos de ocio alternativos. Todo está relacionado,  si cumples con el horario escolar, cumples con tus deberes y con tus responsabilidades de casa, vas recuperando, por ejemplo, el dinero de la paga o determinados privilegios y salidas.


  • Se pasa el día enganchado al móvil e internet.
  • SOLUCIÓN. Lo que tenemos que hacer es enseñarles a que hagan un buen uso de las nuevas tecnologías. Decidir en qué situaciones y tiempos puedo usarlo y en cuáles no – ESTABLECER HORARIOS. Tenemos que aceptar que el ocio tecnológico es parte del ocio del adolescente, pero tiene que ser sólo una parte de este. ¿Al cole vamos con móvil o sin móvil? ¿Por la noche lo uso o no? ¿Durante una comida respondemos o no? Todo estos aspectos hay que gestionarlos con un cierto orden y rigor. Es importante  tener claro que excepto para determinadas tareas, el móvil o el ordenador han de estar apagados durante el horario establecido de estudio.


  • Tiene muy baja autoestima. Una de las características básicas  de los adolescentes, es la continua fluctuación en la autoestima. “Hoy estoy eufórico y soy el mejor del mundo y al día siguiente me encierro en el baño, no salgo y cuando salgo estoy llorando porque me ha salido un grano horroroso y no puede salir. Y de repente parece que toda su autoestima depende de un grano”.
  • Solución. Podemos darle habilidades que le permitan identificarse con un grupo, que es al final lo que a ellos les sube la autoestima”,“Si toda su autoestima depende de estar guapo o guapa lo que tengo que hacer es buscar alternativas. Uno también puede ver su autoestima subida si ha mejorado las notas, si ha empezado a hacer un deporte que le apetecía, si empieza a bailar y resulta que es bueno… Al final la autoestima depende mucho de la imagen propia y la que devolvemos los demás, el medio. Y el medio en este caso son el grupo y los padres”.


  • Si existen problemas emocionales que le impiden centrarse. En ocasiones los problemas emocionales repercuten directamente en las notas:
  • SOLUCIÓN. Dependiendo del problema emocional habrá que buscar la respuesta: Acuda, si el problema emocional perdura, al especialista.


  • Si el problema está en mala alimentación y falta de sueño.
  • SOLUCIÓN. Esablezca horarios donde se controlen sus horas de sueño, actividad física y su alimentación. Si alguna de estas tres cosas falla, se reflejará en sus notas. La falta de vitaminas y minerales puede repercutir en la concentración necesaria requerida para el estudio.


En cualquier caso, nuestros jóvenes han de comprender que suspender  no es lo normal, se puede bajar el rendimiento por múltiples razones pero nuestros hijos no pueden vivir con la idea de que tener suspensos es lo habitual.
En relación a los castigos todos los especialistas coinciden en que no es la solución; establecer unos horarios, una disciplina de trabajo y unas determinadas rutinas  son el mejor camino a seguir.


Es importante,  como padres, no dejar de creer en las capacidades de nuestros hijos. Padres que, desanimados, arrojan la toalla y no ponen la fe necesaria en sus hijos,  graban en la mente de los mismos su propia indefensión.

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